
Era un tremendo mastín. En realidad he visto que era más un gran danés/labrador.
Un perro enorme, precioso, con pelo negro brillante.

Iba libre, sin collar ni cadenas, andando a mi lado.
Un coche descapotable, de los antiguos de película se acerca por la calle frente a nosotros.
Un conductor, y dos perros, ligeramente asomados por fuera de la carrocería.
Temo.
Temo que mi perro los vea, y vaya hacia ellos, y salte dentro del coche, y peleen, y los muerda, y lo muerdan, y le hagan daño.
Lo sujeto fuerte con el brazo por el cuello, con la sensación de que por su fuerza en cualquier momento se me puede escapar. No le hago daño, es una especie de abrazo fuerte. Y noto su pelo negro, muy negro, brillante, abundante y liso.
De repente se da cuenta de la presencia de aquellos dos perros, y veo que atiesa las orejas, y se alerta como para ir hacia ellos.
Pero veo que aquellos perros son fieros, y son dos. Podrían acabar con él. Uno de aquellos era un doberman.
Me giro con mi perro hacia el lado izquierdo, donde había una especie de montículo-precipicio-muro, y por allí lo empujo, para salvarlo del ataque de los otros, que ya saltan del coche.
Y allí queda protegido y a salvo mi perro.
Y veo al conductor, que no me gusta nada. Pinta de macarrilla, quizás como aquel "Navajas" de la canción.
Y los perros, y el doberman, vienen corriendo hacia donde yo estaba. En vez de seguir a mi perro negro se paran y me dan lenguetazos en la cara, mientras yo me pregunto por qué lo harán (claro, me digo, es que huelo a mi perro).
De repente me doy cuenta de que en realidad estoy en peligro, pues parece que me están atacando. Uno de los colmillos enormes del doberman se ha aprisionado en mi cara, y temo que en cualquier momento el ataque se materialice.
Me despierto.
Podría haber sido un sueño.
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