Hoy fui al Puertito de Güimar. Quería pasear, necesitaba pasear.
Encontré una roca con la inclinación justa, la superficie justa, justo muy cerca del agua, mansa y olorosa, cristalina, guapa, muy guapa.
Me tumbé. No hacía viento. Miraba las nubes grises como iban cerrando los huecos que dejaban ver el cielo azul. Parecía que iba a llover; pero no llovió.
Paseé, mar, gente, gaviotas, verdes y azules, aire fresco, olores, colores.
Ví un caminillo que se adentraba un poco en el mar, muy gracioso, como formando un lazo. Gris de roca y verde de ese musgo que ya avisa:¡ojo que resbalo!...
Y me dí cuenta. Y tambien me dí cuenta de que llevaba los tenis que resbalaban en cuanto olían el agua.
Pero me dije que despacito despacito a un hijo de la Atlántida como yo no había resbalón que le retara.
Y allí fui. Y despacio despacio de repente las piernas por los aires, ¡¿pero cómo puede ser esto!?, el cuerpo que cae hacia atrás, ¡aquí me rompo algo!, el culo que golpea el suelo, la mano que intenta suavizar el golpe, la nuca que parece que se va estrellar contra la roca, el brazo que sujeta entero el suelo...
Y alli quedé todo lo largo.
Quieto. A ver. Nada duele más de lo normal... Todo está en su sitio. Dolor. Joder. Suerte que la cabeza no dió con la roca. A ver. Se mueve, sí. Verguenza... Rabia de que nadie hubiera allí para correr a ayudarme; suspiro de que nadie hubiera allí para correr a ayudarme.
Me levanto. Miro el mardito musgo... ¡pero si no lo parecía!.
¡Sorpresas que da la vida...!
No me duele ya casi nada.
Increible. Ni el mareo que traía, ni esa especie de ansiedad, ni esa sensación de estar como malo...
Es que no hay nada como un buen golpe en el momento oportuno...
¡Sorpresas que da la vida...!
A lo mejor acabo de descubrir una nueva técnica psicoterapeutica...
Y el cuento (como todos los buenos cuentos) acabó bien: jarrita de cerveza, media ración de pulpo, papitas arrugadas, y un gato que paseaba independiente, como pasean los gatos, se vino a sentar a mi lado...
Y me reía. Ahora sí. Y veía aquella estupenda sangre asomar a la herida de mi brazo, como cuando éramos chiquillos y jugábamos al futbol. Y reía.
Es la vida. ¡Qué buena y bonita es la vida!
jueves, 15 de enero de 2009
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1 comentario:
la nueva tecnica psicoterapeutica se llama ostioterapia....
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