ONE: Pues sin ir más lejos esta misma mañana, mientras empezaba a preparar la comida.
Abrí nevera, saqué merluza, cerré nevera.
Abrí nevera, saqué tomate y perejil, y mayonesa ligeresa, cerré nevera.
De repente, un flashback: en mi vista de halcón se había quedado la huella de algo dorado en una esquina de la puerta de la nevera.
Yo me digo a mi mismo: ¡anda, coño, no sabía que había comprado cava mini!
Vuelvo a decirme a mi mismo: no, no recuerdo..., seguro que es sidra. Mmm me apetece sidra.
Coloco la cabeza de la merluza en la olla. Pongo aceite en la sartén.
Otro flashback: en mi memoria de elefante aparece el recuerdo de una botella de licor que me dieron Nunci y Eduardo!!!.. ¡¡bien!!..
Abro la nevera, miro, y compruebo que así es. ¡¡bien otra vez!!. Sorpresas te da la vida. Hoy chupito de licor de maracuyá!!
TU: Y yendo un poco más lejos, me encanta esa sorpresa de encontrarte de repente cuando buscas la cosa más inverosímil (yo qué sé, unos calcetines, por ejemplo) un trocito de turrón olvidado desde las Navidades...
TRI: Suena el teléfono.
Pienso (yo mismo): ¡ese es samuel!...
Descuelgo... y sí era Samuel... desde Munich.
FOR: Metes la mano en el bolsillo de un pantalón recien lavado.
Tocas algo como de papel arrugao.
Lo sacas, lo estiras... ¡un billete de cinco euros!!!
(Ahora que lo pienso -yo mismo otra vez-: tendría que revisar un poco más la nevera...)
(nota del autor: despues de comprobar botella licorcico, cerré nevera.)
martes, 20 de enero de 2009
domingo, 18 de enero de 2009
Sorpresas te da la vida
(¡exclusivo reportaje gráfico!)
Tómense su tiempo,
que al fin y al cabo cada loooocoo... con su teeema...
múúúsica
(exclusiva mundial)
(*): término acuñado por mayoría absoluta de uno (o una...).
(1) Como la manzana del Paraiso Perdido... (esa flechita roja)
múúúsica

(2) ... así empezaba el caminito.
múúúsica
(3) Y, sí, ahí, el mardito musgo traidor...
múúúsica

(4) De repente... sin previo aviso... aaaaaaaahhhhhhhhhhhhhh.....
múúúsica

(5) mas aaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhh...

(6) Por suerte todo tiene un final...
¡a que se ve bonito el cielo cuando estás to tirao allí abajo encima del musgo!...

(7) Bueno, ésto es lo primero que ves cuando resucitas...
múúúsica
(8) ...ahí así quedó el atlante (esa manchita gris de la izquierda)...

(9) ...y ésto es lo segundo que ves al resucitar, de izquierda a derecha, rápido, a ver si alguien te ha visto.
Luego ya too es felisidá... chevechita... purpito... y musho cante jondooo...
múúúsica
...y colorin colorao.
OPCIÓN A: video con final feliz...:
múúúsica
OPCIÓN B: o tambien video con final mejor...:
máásss múúúsica
jueves, 15 de enero de 2009
La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida
Hoy fui al Puertito de Güimar. Quería pasear, necesitaba pasear.
Encontré una roca con la inclinación justa, la superficie justa, justo muy cerca del agua, mansa y olorosa, cristalina, guapa, muy guapa.
Me tumbé. No hacía viento. Miraba las nubes grises como iban cerrando los huecos que dejaban ver el cielo azul. Parecía que iba a llover; pero no llovió.
Paseé, mar, gente, gaviotas, verdes y azules, aire fresco, olores, colores.
Ví un caminillo que se adentraba un poco en el mar, muy gracioso, como formando un lazo. Gris de roca y verde de ese musgo que ya avisa:¡ojo que resbalo!...
Y me dí cuenta. Y tambien me dí cuenta de que llevaba los tenis que resbalaban en cuanto olían el agua.
Pero me dije que despacito despacito a un hijo de la Atlántida como yo no había resbalón que le retara.
Y allí fui. Y despacio despacio de repente las piernas por los aires, ¡¿pero cómo puede ser esto!?, el cuerpo que cae hacia atrás, ¡aquí me rompo algo!, el culo que golpea el suelo, la mano que intenta suavizar el golpe, la nuca que parece que se va estrellar contra la roca, el brazo que sujeta entero el suelo...
Y alli quedé todo lo largo.
Quieto. A ver. Nada duele más de lo normal... Todo está en su sitio. Dolor. Joder. Suerte que la cabeza no dió con la roca. A ver. Se mueve, sí. Verguenza... Rabia de que nadie hubiera allí para correr a ayudarme; suspiro de que nadie hubiera allí para correr a ayudarme.
Me levanto. Miro el mardito musgo... ¡pero si no lo parecía!.
¡Sorpresas que da la vida...!
No me duele ya casi nada.
Increible. Ni el mareo que traía, ni esa especie de ansiedad, ni esa sensación de estar como malo...
Es que no hay nada como un buen golpe en el momento oportuno...
¡Sorpresas que da la vida...!
A lo mejor acabo de descubrir una nueva técnica psicoterapeutica...
Y el cuento (como todos los buenos cuentos) acabó bien: jarrita de cerveza, media ración de pulpo, papitas arrugadas, y un gato que paseaba independiente, como pasean los gatos, se vino a sentar a mi lado...
Y me reía. Ahora sí. Y veía aquella estupenda sangre asomar a la herida de mi brazo, como cuando éramos chiquillos y jugábamos al futbol. Y reía.
Es la vida. ¡Qué buena y bonita es la vida!
Encontré una roca con la inclinación justa, la superficie justa, justo muy cerca del agua, mansa y olorosa, cristalina, guapa, muy guapa.
Me tumbé. No hacía viento. Miraba las nubes grises como iban cerrando los huecos que dejaban ver el cielo azul. Parecía que iba a llover; pero no llovió.
Paseé, mar, gente, gaviotas, verdes y azules, aire fresco, olores, colores.
Ví un caminillo que se adentraba un poco en el mar, muy gracioso, como formando un lazo. Gris de roca y verde de ese musgo que ya avisa:¡ojo que resbalo!...
Y me dí cuenta. Y tambien me dí cuenta de que llevaba los tenis que resbalaban en cuanto olían el agua.
Pero me dije que despacito despacito a un hijo de la Atlántida como yo no había resbalón que le retara.
Y allí fui. Y despacio despacio de repente las piernas por los aires, ¡¿pero cómo puede ser esto!?, el cuerpo que cae hacia atrás, ¡aquí me rompo algo!, el culo que golpea el suelo, la mano que intenta suavizar el golpe, la nuca que parece que se va estrellar contra la roca, el brazo que sujeta entero el suelo...
Y alli quedé todo lo largo.
Quieto. A ver. Nada duele más de lo normal... Todo está en su sitio. Dolor. Joder. Suerte que la cabeza no dió con la roca. A ver. Se mueve, sí. Verguenza... Rabia de que nadie hubiera allí para correr a ayudarme; suspiro de que nadie hubiera allí para correr a ayudarme.
Me levanto. Miro el mardito musgo... ¡pero si no lo parecía!.
¡Sorpresas que da la vida...!
No me duele ya casi nada.
Increible. Ni el mareo que traía, ni esa especie de ansiedad, ni esa sensación de estar como malo...
Es que no hay nada como un buen golpe en el momento oportuno...
¡Sorpresas que da la vida...!
A lo mejor acabo de descubrir una nueva técnica psicoterapeutica...
Y el cuento (como todos los buenos cuentos) acabó bien: jarrita de cerveza, media ración de pulpo, papitas arrugadas, y un gato que paseaba independiente, como pasean los gatos, se vino a sentar a mi lado...
Y me reía. Ahora sí. Y veía aquella estupenda sangre asomar a la herida de mi brazo, como cuando éramos chiquillos y jugábamos al futbol. Y reía.
Es la vida. ¡Qué buena y bonita es la vida!
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