jueves, 18 de febrero de 2010

Angeles de la guarda

Podían ser negros y también se van al cielo, como oía cantar a mi madre siguiendo a Machín.
Y así es. Doy fe.
Ella se acercó suavemente.
Llovía; yo estaba empapado (la mañana había empezado de sol y playa: así iba yo confiado).
Esperábamos en una parada de la güagüa.
Ella era delgadita, morenita, bajita.
Llevaba paraguas.
Se acercó suavemente a la cola, y se puso delante de mí.
Me miró de reojo, y sonrió.
Yo estaba empapado: La camisa, el pelo, las gafas…
A mi alrededor había otras personas previsoras que se cubrían con sus paraguas.
Ella me volvió a mirar, y con un gesto suave, sin palabras, deslizó la mitad de su paraguas sobre mi cabeza. Llovía. Sonrió. Y una sonrisa de profundo agradecimiento nació en mi cara, y un gracias brotó del fondo del corazón.
Llovía. Yo estaba empapado. Doy fe: ángeles morenitos también hay en el cielo, y de vez en cuando bajan con sus paraguas para protegernos de la lluvia.
Ella no podía esperar más. Yo decidí quedarme a esperar.
Ya subido a la güagüa en el camino busqué con la mirada a aquel ángel de la guarda morenita que ya andaba muy por delante delgadita, bajita, con su paraguas. Nos saludamos con la mano, y le dije al conductor que una mujer quería subirse; pero él no podía esperar.
Doy fe: los ángeles de la guarda usan paraguas, y a veces adoptan la forma de mujeres bonitas, morenitas y bajitas.
Quizás nunca más me la vuelva a encontrar. O quizás, sí, seguro, en otra forma corporal, igualmente tierna y entrañable.

3 comentarios:

María Gladys Estévez dijo...

Bonito relato me gusta,.Doy fe de que los ángeles existen.
besos

Angel dijo...

¡Existen, Benchi, existen, pero ¿te has dado cuenta?. ¡¡Se desvanecen en su bondad!!. Benditos ángeles anínimos. Besos.

lopillas dijo...

Yo también doy fe. Las formas que adoptan son caprichosas, pero sí que existen.
Besototes