miércoles, 29 de febrero de 2012

Afrontamientos posibles de la crisis

Solo hay un error:

¡no hay agua pa tanta gente!!! (al mismo ritmo...)

martes, 28 de febrero de 2012

Debate entre políticos


A.- Tú
B.- Pues tú más
A.- No, tú mucho más
B.- De eso nada, usted no solo mucho más, sino que antes
A.- Usted mucho antes
...

y así hasta el infinito...

¿no les dará verguenza???

domingo, 31 de octubre de 2010

metáforas

Llegó mientras preparaba el desayuno.
Eran las 8 de la mañana de un sábado. Me iba a caminar senderos.
Una algarabía me llamó la atención; nueva, ruidosa, impaciente…
“Los vecinos no tenían pájaros…”, pensé.
Dejé el desayuno en la cocina, y me acerqué despacio a la terraza.
Escuché. Millones de años de evolución me hacían intuir...
Asomé la cabeza: allí estaba “Antonio”, así lo bautizó mi hija.
Azul, dueño del mundo, le sobraban todas las óperas de la historia.

No sé cómo se había colado entre los barrotes de la terraza, como había traspasado la línea de una sutil cárcel.
Le preparé también algo para desayunar: agua, uvas, pipas,… No suelo estar preparado para este tipo de visitas…
Mi hija se despertó, y coincidimos en la puerta de su dormitorio. Una seña, un gesto, … y despacito nos acercamos para que viera a aquel Don Juan mañanero que trinaba, o casi más bien, tronaba…

Fotos. Más foto. Alegría, sorpresa, como de mañana de Reyes Magos. Y me fui de excursión.



Cuando al final de la tarde volvía a casa me encontré pensando en “Antonio”, bromeando con mis compañeros de viaje, preguntándome si aún seguiría en la terraza, aceptando con cierta tristeza que me sorprendió que ya había podido irse.

Abrí la puerta. Esperé… ¡Un trino me hizo sonreir!. Y mandé un sms “Antonio todavía sigue en casa”…
Puse más agua, puse algunas pipas más… Abrí la puerta del salón, la que da a la terraza.
Me puse a escribir y leer en el ordenador.
Al poco, como si me hubiera entendido, “Antonio”, todo azul, comenzó a revolotear en la terraza, y en una de esas entró todo decidido en el salón (bueno… más bien algo a trompicones…). Revoloteó sobre las copas caras de vino (“¡nooo!”…), golpeó en el gran espejo de pared, aterrizó en la mesa del ordenador… Su pecho agitado por el estrés. Le hablo suave y despacio, con mi mejor voz de técnico en relajación… Se sosiega… Y ahí se queda, dejándose arrullar, posando, curioseando y levantando el cuello para verme detrás de la pantalla…, escuchando la música de “Carros de Fuego” que le pongo…













Me voy al sillón.
Al cabo de un rato, inquieto, revolotea hasta que se posa en la librería, justo enfrente mía, mirando como quien dice “¿y ese quién es y qué hace ahí abajo??”

En una de mis idas y venidas a la cocina se posa en la guía de la cortina. Ahí se quedará toda la noche, hasta que a la mañana siguiente lo sobresalto cuando casi a oscuras me acerco a ver si todavía sigue allí.
Vuelvo a cambiarle el agua y a reponer el plato de comida.
Esta vez, ya, sí, abro uno de los ventanales de la terraza, para que, sí quiere, se pueda marchar hacia su libertad.
Canta, revolotea, juega al escondite,… Me aposto para sacar la foto de cuando salga por la ventana… pero al final prefiero no estropear ese momento.

Me doy cuenta de que hoy cambia la hora. Y mientras la cambio en mi ordenador y en mi reloj, a las 9 de la mañana del domingo, algo me dice que “Antonio” ha encontrado el camino hacia su destino. Me asomo. Ya no está. Se fue como llegó: libre, sin pedir nada.
Nada se puede retener contra su voluntad. Es un acto de amor. Porque por un momento pensé en atraparlo y guardarlo en una jaula, cuidarlo, darle de comer y de beber, mirarlo, hablarle, disfrutar de su canto,… pero eso quizás no era lo que él quería, aunque por un momento yo sí lo hubiera pensado.
Y ese regalo de una mañana de sábado voló, al mismo tiempo que se quedaba ya para siempre. La ventana abierta. Vuelve cuando quieras.
Y, vosotros, esos otros "Antonios" que vendrán, esas otras terrazas que visitar, esas cuerdas espacio-temporales que tantas vueltas dan el vida…
Quizás yo también empiece a entender.

esas lineas de la vida como arcoiris

domingo, 21 de marzo de 2010

aviones

Viajaba entre Canarias y la Península.
Adormilado, abrí los ojos.
En el asiento de delante una mujer leía su periódico.
Y sólo las dos primeras palabras de cada párrafo de los titulares de tinta se entreveían por la rendija entre los asientos:
"POLÍTICA"
"demanda"



Sonreí. Paradojas de la vida, pensé.
Y dejé que el destino siguiera su curso.

jueves, 18 de febrero de 2010

Angeles de la guarda

Podían ser negros y también se van al cielo, como oía cantar a mi madre siguiendo a Machín.
Y así es. Doy fe.
Ella se acercó suavemente.
Llovía; yo estaba empapado (la mañana había empezado de sol y playa: así iba yo confiado).
Esperábamos en una parada de la güagüa.
Ella era delgadita, morenita, bajita.
Llevaba paraguas.
Se acercó suavemente a la cola, y se puso delante de mí.
Me miró de reojo, y sonrió.
Yo estaba empapado: La camisa, el pelo, las gafas…
A mi alrededor había otras personas previsoras que se cubrían con sus paraguas.
Ella me volvió a mirar, y con un gesto suave, sin palabras, deslizó la mitad de su paraguas sobre mi cabeza. Llovía. Sonrió. Y una sonrisa de profundo agradecimiento nació en mi cara, y un gracias brotó del fondo del corazón.
Llovía. Yo estaba empapado. Doy fe: ángeles morenitos también hay en el cielo, y de vez en cuando bajan con sus paraguas para protegernos de la lluvia.
Ella no podía esperar más. Yo decidí quedarme a esperar.
Ya subido a la güagüa en el camino busqué con la mirada a aquel ángel de la guarda morenita que ya andaba muy por delante delgadita, bajita, con su paraguas. Nos saludamos con la mano, y le dije al conductor que una mujer quería subirse; pero él no podía esperar.
Doy fe: los ángeles de la guarda usan paraguas, y a veces adoptan la forma de mujeres bonitas, morenitas y bajitas.
Quizás nunca más me la vuelva a encontrar. O quizás, sí, seguro, en otra forma corporal, igualmente tierna y entrañable.

domingo, 24 de enero de 2010

benchijigua

¿era más o menos así?



:)