sábado, 28 de noviembre de 2009

qué suerte hemos tenido de que nacieras!

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sí; es a tí, genio pintora...

lunes, 16 de noviembre de 2009

hoy de nuevo

Hoy se me ha metido esta canción en la cabeza y no la suelto... quizás por aquel olor a magdalenas...

Si tú me dices ven, todo cambiará,
si tú me dices ven, habrá felicidad,
si tú me dices ven, si tú me dices ven.
No detengas el momento por las indecisiones,
para unir alma con alma, corazón con corazón.

Reír contigo ante cualquier dolor,
llorar contigo, llorar contigo,
será mi salvación.
Música, maestro... por favor

Brindo por esos que viniendo detrás dibujan esas paradojas de la vida de hacer camino por delante..., S y S, ...¡y qué bien lo hacen!

olor a magdalenas

Arucas, Teror, Artenara, Tamadaba, Cruz de Tejeda, Roque Nublo, Telde, Maspalomas, el faro, Las Canteras...
Nombres que como aquel olor de las magdalenas despiertan en mi recuerdos intangibles, como el color vivo de las paredes de las casas (morados, amarillos, naranjas, azules, ...). Recuerdos que juegan al escondite, que dejan la sensación de ese estornudo que no se llega a realizar.

Fue todo un descubrimiento recorrer esos caminos otra vez, mientras sonaba el WOMAD en Las Palmas, en la Plaza de Santa Catalina. Esa isla redonda y como de una sola pieza guarda por dentro muchos secretos, bellos, grandiosos e impresionantes.

Curiosamente no tengo fotos; y así lo dejo: representación gráfica de esos recuerdos juguetones.

martes, 10 de noviembre de 2009

vaya con el hongito...

A ver si adivinan eso que ven en la foto...
No sé que habrán imaginado, pero
es la foto de un hongo: el "hongo oruga"... (Cordyceps sinensis)

Crece así, tal cual, en las alturas del Himalaya.

El hongo inocente ese guarda un terrible secreto: cuando las esporas son repartidas por el viento y acaban por ser enterradas por el agua descongelada, buscan unas orugas. Luego las paralizan, y como es bastante corriente en el mundo animal, las mantienen vivas para ir desarrollándose en su interior mientras las van devorando poquito a poco por dentro. Finalmente, cuando llega la primavera actúan sobre su sistema nervioso para que las orugas se muevan como verdaderos zombis hacia la superficie, donde acaban por taladrarles el cerebro y por salir así al aire y empezar el ciclo de nuevo.

Parece terrible. Pero no, la naturaleza es así. Incluso los seres humanos obramos también así en muchas circunstancias.

El final feliz tiene que ver con la forma en la que fue descubierto a principios de siglo pasado por un mercader de caravanas: viendo como recuperaban fuerzas los camellos que se los comían, el mercader probó aquella cosa... ¡y vaya que le funcionó!... ;)

A partir de ahí fue comercializado como potente afrodisiaco... y otras cosas.