Mirón fue un griego que hizo una estatua muy famosa; o sea, se llamaba Mirón, no que fuera un mirón. Aunque seguro que alguna miradita se le escaparía... La estatua se llama "Discobolo", y resulta que el original ya no existe, sino solo reproducciones de copias hechas por los romanos (¡y entonces no existía ni internet ni el programa Nero ni cámaras digitales!).
Mirón también es un pueblo; bueno, más bien "Mirones" (es que, claro, en todo pueblo siempre hay más de uno...). Es un pueblecico montañero de la franja cántabra. Mira que monos... y lo reconocen sin verguenza, como debe ser... Finalmente mirón es el señor aquel que llamó a la radio mientras yo iba conduciendo y dijo algo así como: "yo soy un mirón. ¿Y qué daño hago con mirar?, ¿por qué no puedo mirar a la gente en la playa, solo mirar?. Que cada uno haga lo que quiera, yo no hago nada malo mirando".
Olé... ahí, con sus dos... ojos...
Pues miren por donde ahí cambió mi visión de los mirones. Porque acabé pensando... ¡pues es verdad!... ¡viva la libertá totar!... ¿¡por qué no!?... quien quiera despelotarse, que se despelote; quien quiera mirar, que mire; quien quiera quejarse del que mira, pues que se queje; quien quiera quejarse del que se queja del que mira, pues que se queje tambien...
Siempre he valorado en lo que valen a los ácratas de verdad.
Sí, hoy es viernes... y como está de moda, acabo la trilogía dedicada a los/las mirones, espías, observadores, etc, etc, etc. O sea, dedicada a ustedes y a mí. Oreja, rabo, y globo ocular.
(ah, el lenguaje y la inteligencia humana...!!... )
Y no se olviden de que alguien les estará mirando... ja ja ja (risa a lo "Alguien voló sobre el nido del cuco" escena final).

Música y video, maestro












